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Impresiones ciclistas en Lima, Perú

Martes 10 de abril de 2018, por Javier Taks

Viajé a Lima y Cusco como turista, con mi familia, en esta semana de Turismo. En la capital peruana la bicicleta fue protagonista mientras en la capital del Tawantinsuyo la bici es casi invisible.
Lima es llana, salvo cuando uno quiere bajar del malecón a la orilla del Pacífico.

Nos alojamos en Miraflores, un barrio de medio y alto poder adquisitivo, donde la bicicleta está de moda, igual que la licra los fines de semana. Casa Wayra, nuestro anfitrión, nos prestó dos bicis Trek bien mantenidas y alquilamos otras dos bicis híbridas más bien urbanas, nuevas, a S/40 ($350) cada una por todo el día. Nos hicieron precio (S/20 menos) porque ayude a cambiar una cámara a una chica que sabía la teoría pero aún le faltaba un poco de práctica. El uso de candados es mandatorio, no así los cascos.

Un paseo tradicional es por el Malecón, lo que sería nuestra rambla. Nos fuimos desde el famoso Shopping Larcomar hasta Barranco, al sur, y llegamos en nuestro regreso hasta el final de la ciclovía/bicisenda en San Isidro, hacia el norte, para almorzar ceviche y mariscos. Unos 10 km en total con una vista espectacular al océano y por áreas parquizadas, con esculturas y plazas muy populares. El inconveniente es que por momentos la ciclovía se vuelve de una mano, sin previo aviso, y si ya era angosta para dos sentidos, se convierte en un peligro cuando los ciclistas de todos modos se meten a contramano y sobrevive el más agresivo, teniendo uno que subirse a la vereda o meterse en la calzada con autos a alta velocidad si no logra imponerse en los duelos. Algo así como la rambla de Montevideo frente al ex Che Montevideo en Trouville, pero por más de 1 km.

Para llegar hasta el malecón desde el alojamiento usamos una ciclovía central por Av. Larco, desde el Larcomar hasta el parque Kennedy, donde hay un biciestacionamiento público no techado pero con un funcionario municipal que toma registro y vigila las bicis aparcadas. Durante feriados y fines de semana esta ciclovía central en dos sentidos es bastante segura, pero los días laborables hay que estar muy atento, especialmente en las bocacalles sin semáforo, pues los autos giran a su izquierda cortando el paso de los ciclistas sin misericordia y tocando su bocina – como la gran mayoría de los automovilistas- para hacerse notar.

Esta misma ciclovía en el centro de la calzada nos llevó un domingo hasta el inicio de la CicloLima recreativa que dura desde las 8:00 a las 14:00 aproximadamente. Se cierran a los vehículos motorizados unos 7,5 km dedicados a la movilidad activa, que te conduce desde el malecón hasta casi el centro histórico de Lima. Un lindísimo paseo para las familias, que te permite percibir transiciones arquitectónicas y socio-espaciales desde los barrios más ricos hasta el centro más degradado, aunque en vías de patrimonialización. Unos 50 funcionarios de la municipalidad limeña controlan a los autos en las esquinas, pero también a los ciclistas quienes son obligados a circular por su carril, dejando otro para patinadores y caminantes/corredores. Todo es, y debe ser, ordenado. Hay puestos de alquiler de bicis a unos S/10 la hora y carpas con servicio gratuito de mecánica ligera prestados por empresas del ramo, asociadas a la Municipalidad. También se organiza una escuela de ciclismo para niños y hay bicis para discapacitados. Me llamó la atención el sistema para evitar que los ciclistas tomen velocidad por una pronunciada bajada, teniendo que hacer un slalom entre conitos rojos. La consigna parece ser que nadie salga lastimado.

En los barrios más ricos, como ya dije, la bicicleta es símbolo de estilos de vida saludables. Hay tiendas de bicicletas, folletería, publicidad, lugares para alquilar, vitrinas con bicis y ropa y, en términos de infraestructura, uno encuentra biciestacionamientos de distintas épocas y diferentes diseños. En un Shopping en el corazón de Miraflores, estacionamos las bicis en el parking subterráneo en una jaula con registro y vigilancia; el problema fue al salir que no tienen contemplado que las bicis circulen por la misma rampa que los autos y no hay espacio para evitar la valla salvo pasar por debajo con dificultad (y contra el protocolo de gestión empresarial) o subir un piso por escalera. Por otro lado, en Barranco, uno de los barrios más turísticos y bohemio-gentrificado, encontré un puesto de bicis eléctricas en una feria de ropa de diseño y alimentos orgánicos. Las eléctricas no se ven aún por las calles, pero el encargado del stand piensa que es el futuro cercano, a pesar de los actuales altos precios.

No es fácil encontrar en Internet planos actualizados con las nuevas ciclovías de Miraflores y aledaños, las zonas donde más se han construido vías ciclistas. Se repite aquí el problema que conocí en Santiago de Chile: cada barrio o municipio tiene autonomía para construir infraestructura ciclista, entonces la diferencia es muy importante y no había conexión a través de las fronteras administrativas. En Santiago, por presión de las organizaciones sociales y ciclistas, se ha puesto en marcha un relativamente efectivo Plan Maestro para integrar las sub-redes de ciclovías. Lima aún espera que esto suceda.

Dejamos por ahora Lima donde la gastronomía es fabulosa y las bicis buscan su lugar en un tránsito caótico, con algunas municipalidades con iniciativas pero resultados que no provocan la seguridad necesaria. Los ciclistas limeños son temerarios, ciertamente mucho más que los montevideanos, tan solo por la escala del movimiento automotor.

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